Para los tocapelotas


Celebrando ya el millar de páginas visitadas no me queda más remedio -pese a ser algo repetitivo- que decicarle unas líneas a los tocapelotas cenutrios que son incapaces de leer al completo la columnita de la izquierda. También pueden ser tocapelotas ignorantes, no se, pero son un incordio. Me refiero a las personas que me mandan correos electrónicos acusándome de "indecente, soberbio y prepotente" por "presumir de un cargo que pagamos todos", y bla bla...O sea que se siguen creyendo que gano 3000 euros y me rasco los huevos. Típico. Lo peor de todo es que pese a responderles de forma amable y personal a sus correos lejos de asumir su asusencia de lectura completa o falta de sentido del humor siguen en la misma línea.

He pensado en cagarme en sus muertos o hacerles un croquis pero al final he decidido recomendarles un reciente artículo que demuestra nuestro altísimo poder adquisitivo y puestos a fastidiar un poco estas personas serán la mar de felices sabiendo que nuestros jóvenes están deseando ser funcionarios para forrarse a costa de estos tocapelotas.

Una última reflexión: entre las cosas buenas que tiene la función pública se encuentra el principio de igualdad. Desde aqui invito a quienes nos odian a que se preparen unas oposiciones, tengan la edad que tengan y sean del color que sean, para que disfruten de nuestros sueldos multimillonarios y privilegios excepcionales.

Una "fractura" por favor


Los funcionarios que atendemos al público solemos estar acostumbrados (que no inmunizados) a los improperios, a las frases tipo "a usted le pago yo con mis impuestos" y en muchas ocasiones a una falta de respeto y educación ilimitadas. Pero también es cierto que en algunas ocasiones podemos reírnos a carcajadas por las cosas que nos piden.

Como sabéis, atiendo al público en un departamento de recaudación y por lo tanto soy una de las personas más odiadas de la ciudad (los vecinos creen que las tasas municipales van directamente a mi bolsillo y que la cuantía de las cartas de pago las hago por las tardes en casa). Esta mañana llegó una mujer, soltó sobre la mesa un montón de recibos y me pidió (amablemente), que se los "fracturara". Como en ese momento mi mente carecía del chute habitual de cafeína le pregunté de nuevo qué quería, "quiero que me hagas unas fracturas". Y no pude evitar meterme debajo de la mesa a ocultar mis lágrimas. Me imaginé en ese preciso momento a aquella mujer saliendo de la oficina con unos cuantos huesos rotos la mar de contenta.

Como yo no "fracturo", una vez repuesto la llevé al departamento correspondiente donde ya se encargaron de sus fracturas.

Evidentemente esta mujer lo que quería era fraccionar su deuda. Y si nos descojonamos del "candelabro" de Mazagatos ¿por qué no de sus fracturas?

Incapaz de dar lecciones


Lo confieso: pensaba reiniciar mis textos tras estas largas vacaciones contando algunas curiosidades y barbaridades sobre los cambios que está realizando en Venezuela Hugo Chávez, del desalentador futuro de Argentina y de la verdadera esencia que se esconde tras el consumismo exagerado del "Thanksgiving day" de los Estados Unidos. Regresaba a mi país con el convenciento de estar en uno de los mejores lugares del mundo. Y quería contarlo. Pero ETA ha vuelto a matar. Ha vuelto a asesinar a una persona que, como yo, cobraba de las arcas del Estado, había jurado la Constitución y se levanta día tras día con el objetivo de trabajar para que el resto de los mortales nos sintiésemos más seguros. Unos días antes otros compañeros funcionarios de prisiones pasaban unas horas de angustia durante un secuestro y tendrán que seguir conviviendo con unas cárceles masificadas, plagadas de problemas y escasamente valorados. Adiós a mi "idílico" país.
Hoy, pensé, sería un primer día apático mientras retomaba el ritmo del trabajo, pero he decidido dejar a un lado los síndromes postvacacionales aparte porque debo agradecer que al menos estoy vivo para contarlo.
Muchas gracias por vuestros mensajes en el blog y los correos. Café cargado a vuestra salud.