Los excesivos privilegios de los funcionarios
















En la imagen se aprecia a un funcionario del ayuntamiento de Málaga, más quemado que la pipa de un indio. El motivo es que después de haber recibido durante los últimos ocho años diversas ayudas económicas recogidas en su convenio colectivo una sentencia del TSJA ha decidido anular todos esos "privilegios", es decir las compensaciones económicas tan habituales en todos nuestros convenios y en la de la mayoría de las administraciones.
Ahora esta decisión judicial ha corrido como la pólvora entre sindicalistas y funcionarios que temen la extensión de otras denuncias similares. A su vez más de un político en plena fase de negociación del convenio se frota las manos y pide la copia literal de la sentencia.
Hay un detalle la mar de curioso que se escapa de esta información y que yo os pienso revelar: la denuncia fue presentada por Carlos Rubio, que apenas unos meses después pasó a trabajar en el propio ayuntamiento de Málaga (al que denunció) como personal de confianza del alcalde...ambos del PP. Todo incomprensible, a no ser que exista alguna trama ajena a nuestros limitados ojos y razonamiento para que mientras el alcalde le da el gustazo a sus funcionarios sus propios compañeros de partido y batallas denuncien los acuerdos.
Yo, por si acaso, pienso reclamar gafas y prótesis de lo que sea antes de que me quiten mis "privilegios".

Los puestos que NO queremos los funcionarios


Con la que está cayendo y teniendo en cuenta que la mayoría de los mortales nos odia porque nos considera unos privilegiados que estamos todo el día rascándonos las pelotas hay determinados departamentos, administraciones y destinos que no se los recomendaría ni a mi peor enemigo. Ejemplos muchos, empezando por la administración de Justicia y esos centenares de cuchitriles donde se apiñan miles de expedientes y los compañeros tienen unas condiciones laborales bochornosas.
Nuestro amigo El Funcionata, desde su simpático blog nos sorprende habitualmente con las putadas, dignas de una película de Cantinflas, que sufre en sus propias carnes. Ahora le han dejado sin agua potable, aunque antes le sustrajeron los extintores, los ordenadores, las impresoras e incluso el mobiliario.
Puedo poner otros ejemplos de destinos idílicos de la administración. ¿Cómo estará el único funcionario encargado de llevar los expedientes de la Memoria Histórica? Supongo que jodido y sobrepasado por los 600 expedientes que se le acumulan por doquier.
Y tampoco puedo olvidar a los 10 guardias civiles, ese peaso contingente, que el gobierno español en un acto de generosidad sin límites ha decidido enviar a Georgia para que pongan freno al ejército ruso, que deben estar acojonados.
Y seguro que vosotros conocéis más lugares idílicos para trabajar como funcionario.

Demasiado confiados o tontos del haba


Es una escena que se repite todos los días: “¡¿que debo varios años del impuesto de vehículos?! ¿de qué vehículo?...¿de ese?...¿pero si no lo tengo desde hace seis años?”. Y luego, como es habitual, llegan los reproches y las directas o indirectas insinuaciones a que todo se debe a que el funcionario de turno es gilipollas y un inútil que no se entera.
Tras un exhaustivo análisis de la situación (por la que estoy dispuesto a pedir un aumento del periodo vacacional o me daré de baja por depresión) en el 75% de los casos esta “falta de sintonía” con el contribuyente/ciudadano se debe a las siguientes causas:
1.- La criatura vende o regala su coche a un amigo íntimo o pariente cabrón, “que me dijo se encargaría de todo el papeleo y que pagaría todos los impuestos”. Pues no, el bendito amigo o familiar no hizo nada. Living la vida loca.
2.- Le roban el coche o se pega una piña digna de un capítulo de Tarantino. Puso la denuncia o el seguro le indemniza y se compra un coche nuevo. ¿Y el papeleo? “Ah, pues a mi nadie me dijo nada”.
3.- El extranjero listo de cojones y más europeo que la banderita azul que transfiere el coche a su país y se queda tan ancho. Y luego viene con el típico, “¿cómorrrrr? ¿qué el gobierno de España no está conectado a los ordenadores de Tráfico de la Gran Bretaña o del Reino de los Países Bajos? Pero si nada más llegar a mi país yo se lo dije al policía de aduanas. Desde luego esto es un país tercermundista” (y todo esto te lo dicen en inglés, of course). Benditos civilizados.
Aunque también hay casos excepcionales, cuando la DGT por “error en la transferencia de datos” (excusa con la que suelo quedar impoluto de toda culpa) vuelve a dar de alta un coche que se vendió hace diez años o cuando aparece en la base de datos un vehículo que tuvo un accidente con Franco hace 35 años...pero esto os lo contaré en otro momento.
Por ahora, “aquí tiene su recibo...con su correspondiente recargo, costas e intereses”.