
Tras meses de observación y años trabajados en la empresa privada os aseguro que el famoso escaqueo de los funcionarios es otro mito. Quizá debamos entonar un mea culpa ya que a veces somos los propios funcionarios quienes apoyamos esta tesis para dar el pego o joder al tocapelotas de turno, pero al final esta leyenda urbana podría tener su base en algo tan humano como la envidia.
Me paro en una obra y tardo muy poco en constatar los que están rascándose las pelotas: al grupito que observa sobre el único que hace algo, a los que están de charla en plan aula magna platicando sobre la esencia y textura de la mezcla, los que aparentan que buscan algo pero nunca lo encuentran, los que multiplican por tres el tiempo de desayuno, los que hacen una pausa para piropear a la lozana de turno y los del eterno cigarrito.
Raro es también el servicio técnico que viene a casa y termina bajando quince veces al coche o regresando al taller "porque hay una pieza que falta", pero que en realidad son "descuidos" para expandir los minutos, convertirlos en horas y a su vez hacer el paso a euros.
Cuando trabajé en la empresa privada recuerdo a un jefe al que no le gustaba que estuviésemos en las oficinas en horario de mañana porque creía que daba mala imagen, así pues establecimos nuestra "base" matinal en una tasca (el "Andaluz" se llamaba) donde pasábamos las tres primeras horas inventando el brunch, leyendo prensa y debatiendo con otros trabajadores en su eterno desayuno..y ninguno era funcionario.
Tampoco escapan los pilotos. Si creen que en los vuelos largos están con los ojos salidos, concentrados e hipnotizados mirando el altímetro están muy equivocados. Las veces que he ido en cabina siempre ha existido un ordenador portátil amigo, una buena colección de películas de estreno y varios parasoles de coche para tapar las ventanas (cutre pero efectivo).
Reconozco que hay algunas profesiones que permiten mayor flexibilidad a la hora de los escarceos deliberados pero no es cierto que en la administración se encuentre a la orden del día. Así pues, como veo en Google Analytics que muchos buscáis en este blog las ventajas para ser funcionario ya podéis tachar de la lista el escaqueo.
Me paro en una obra y tardo muy poco en constatar los que están rascándose las pelotas: al grupito que observa sobre el único que hace algo, a los que están de charla en plan aula magna platicando sobre la esencia y textura de la mezcla, los que aparentan que buscan algo pero nunca lo encuentran, los que multiplican por tres el tiempo de desayuno, los que hacen una pausa para piropear a la lozana de turno y los del eterno cigarrito.
Raro es también el servicio técnico que viene a casa y termina bajando quince veces al coche o regresando al taller "porque hay una pieza que falta", pero que en realidad son "descuidos" para expandir los minutos, convertirlos en horas y a su vez hacer el paso a euros.
Cuando trabajé en la empresa privada recuerdo a un jefe al que no le gustaba que estuviésemos en las oficinas en horario de mañana porque creía que daba mala imagen, así pues establecimos nuestra "base" matinal en una tasca (el "Andaluz" se llamaba) donde pasábamos las tres primeras horas inventando el brunch, leyendo prensa y debatiendo con otros trabajadores en su eterno desayuno..y ninguno era funcionario.
Tampoco escapan los pilotos. Si creen que en los vuelos largos están con los ojos salidos, concentrados e hipnotizados mirando el altímetro están muy equivocados. Las veces que he ido en cabina siempre ha existido un ordenador portátil amigo, una buena colección de películas de estreno y varios parasoles de coche para tapar las ventanas (cutre pero efectivo).
