Memorias de un funcionario en México


He estado en México los últimos días. Soy un valiente o un insensato. Pero la cosa es que estoy con un moreno tropical, una sonrisa de orea a oreja, unos kilos de más por el pernicioso todo incluido, una cámara de fotos plagadas de buenos recuerdos, un descomunal cabreo con el gobierno bananero de México y una profunda tristeza por los amables y simpáticos ciudadanos de este bello país.
No explicaré los motivos que me llevaron inesperadamente a este lugar del caribe porque los no habituales de este blog me odiarían aún más. Dejaré para otro comentario la experiencia con los funcionarios policías de este lugar y me centro ahora en mi incorporación traumática postvacacional a mi puesto de trabajo.La cosa es que mientras estaba plácidamente en Playa del Carmen tomando el sol con un daiquiri de mango en la mano mis compañeros asistían alarmados a la última estupidez mundial: la pandemia de gripe A, o lo que es igual el despropósito del gobierno mexicano para acojonar al mundo. Y paralelamente el pánico llegó a mi trabajo...

El mismo día que regresaba de México un compañero me remitió un mail con los correos que habían ido circulando entre mi jefe, el departamento de prevención de riesgos laborales y los médicos de la mutua de accidentes que presta servicios en mi ayuntamiento. Básicamente las comunicaciones ponían de manifiesto mi potencial riesgo para la salud mundial y por ende para todos mis compañeros. En uno de los correos se solicitaba el "protocolo de actuación para un trabajador que está de vacaciones en la Riviera Maya". Y afortunadamente la mutua se limitó a enviar los consejos del ministerio de Sanidad y a certificar que podía permanecer en mi puesto de trabajo mientras no tuviese síntomas.

Tan acojonados estaban mis compañeros ante mi regreso que decidí pasarme por mi médico de cabecera a reclamar una baja preventiva. Pero se descojonció. No tuve más remedio que ir a trabajar.

De mi entrada en las dependencias municipales llegué rápidamente a la conclusión de que o las mujeres son más responsables, más miedosas o huelo muy mal ya que ninguna quiso acercarse a mi. Los compañeros masculinos, los machotes de toda la vida, no tuvieron el más mínimo problema. Todo normal. Y algunos, en un ataque de pánico digno de estudio, decidieron solicitar el traslado a otras dependencias mientras pasa el periodo de incubación establecido en 10 días (y que termina el próximo jueves).

Y mientras pasan estos días yo sigo con mi rutina habitual, atendiendo a los ciudadanos y amargándoles la vida dándoles recibos y quien sabe si una simpática gripe...un auténtico servicio público integral.

Cuidadín, cuidadín.

4 comentarios:

Funcionario's blog dijo...

Yo ya te odio porque leí la noticia (que, por cierto, no me has dicho nada).

Totalmente de acuerdo con lo que comentas. Si no somos más tontos, es porque no nos entrenamos (el uso interesado de los medios de desinformación).

Un saludo, y feliz reincorporación.

PD. Sigue en pie mi petición de saber cómo hacer lo que tú.

Shikilla dijo...

Eres el reportero más dicharachero ¡manito!, y jo! vaya vida que te pegas. Eso no se contagia a todos los funcionarios ¿no?, me refiero a la buena vida no a la gripe.

Te leí en la noticia, te leo ahora y me parece que cualquier cortina o estúpido velo que se use para desviar la atención de lo que importa serán pocos, que hay que tapar cuatro millones largos de bocas que se están giñando de palabra, claro, en la mare que parió a pepelui.

Bienvenido y con tu pan te comas tanto ponernos los dientes largos ¡hombre, ya!

Pablo dijo...

Joer, me la parto, en serio. Si es que te hubieras pegado una baja impresionante por la cara.

Ahora, en serio, no creo en tal pandemia. Y creo que hay intereses económicos detrás, pero bueno.

Saludos. Pablo.

Juan Carlos dijo...

Mira que han asustado a la población con una epidemia de algo que es mucho más suave que la gripe. En todo caso, simplemente nos devuelven con quinientos años de retraso lo que nosotros les llevamos en 1.492 o ¿de qué creéis si no que murieron los indios Caribes? de influenza porcina y sarampión llevados por Colón y sus intrépidos amigos