
Reconozco que soy muy despistado y que de determinadas cosas no me entero de nada. Advierto que hago la siguiente reflexión de forma superficial y sin entrar en demasiados detalles, ya habrá tiempo en los comentarios y en los correos ofensivos para que me cubran de gloria.
Como la vida misma también dentro de la administración existen clases, clases y más clases. En algún momento entendí (pero me da que lo hice mal) que los funcionarios de carrera como yo nos encontrábamos en una situación agradable/generosa/cómoda dentro de la pirámide funcionarial. A ver, hacia abajo los interinos, laborales y funcionarios de "empleo" (= posibles enchufados). Luego los funcionarios de carrera y por encima los dioses del paraíso: léase cuerpos habilitados nacionales y otras criaturas de las que escribiré en otra ocasión.
Pues bien, mi compañera funcionaria laboral ya está disfrutando una merecida jubilación parcial de lujo, jubilación de la que no puedo disfrutar yo porque me quedan 30 años para que me las merezca y encima soy un simple funcionario de carrera. Pero esto no parece nada lógico. A mi este modelo de jubilación me fascina: dedicas un mes de trabajo y el resto del año a vivir la vida loca...como el de la foto. No pierdes poder adquisitivo y sigues cobrando como si trabajases todo el año. Encima puedes acceder a todas las ayudas sociales recogidas en el convenio colectivo y cuando acudes a trabajar debes descontarte los días que te corresponderían de asuntos particulares y vacaciones. O sea que ni siquiera llegas a trabajar un mes.
Pero eso, un laboral puede...un funcionario de carrera no.
Algún sindicato, como CCOO lleva varios años intentado corregir esta injusticia pero si en tiempos de bonanza económica nadie hizo nada ahora mucho menos. Y también se supone que el simpático Estatuto Básico del Empleado Público servirá de algo...pero esto se supone porque a la hora de la verdad tan sólo sirve para poner los dientes largos.
La envidia me corroe...
Como la vida misma también dentro de la administración existen clases, clases y más clases. En algún momento entendí (pero me da que lo hice mal) que los funcionarios de carrera como yo nos encontrábamos en una situación agradable/generosa/cómoda dentro de la pirámide funcionarial. A ver, hacia abajo los interinos, laborales y funcionarios de "empleo" (= posibles enchufados). Luego los funcionarios de carrera y por encima los dioses del paraíso: léase cuerpos habilitados nacionales y otras criaturas de las que escribiré en otra ocasión.
Pues bien, mi compañera funcionaria laboral ya está disfrutando una merecida jubilación parcial de lujo, jubilación de la que no puedo disfrutar yo porque me quedan 30 años para que me las merezca y encima soy un simple funcionario de carrera. Pero esto no parece nada lógico. A mi este modelo de jubilación me fascina: dedicas un mes de trabajo y el resto del año a vivir la vida loca...como el de la foto. No pierdes poder adquisitivo y sigues cobrando como si trabajases todo el año. Encima puedes acceder a todas las ayudas sociales recogidas en el convenio colectivo y cuando acudes a trabajar debes descontarte los días que te corresponderían de asuntos particulares y vacaciones. O sea que ni siquiera llegas a trabajar un mes.
Pero eso, un laboral puede...un funcionario de carrera no.
Algún sindicato, como CCOO lleva varios años intentado corregir esta injusticia pero si en tiempos de bonanza económica nadie hizo nada ahora mucho menos. Y también se supone que el simpático Estatuto Básico del Empleado Público servirá de algo...pero esto se supone porque a la hora de la verdad tan sólo sirve para poner los dientes largos.
La envidia me corroe...





Y hoy, precisamente hoy, Jornada Mundial por el Trabajo Decente es cuando debemos tirar de las orejas a Sandra Tejero, por 







