He regresado sano y salvo, que no es poco. Mi aventura por las islas baleares buscando medusas ha sido un fracaso porque no hemos visto ninguna. Todo parece indicar que la causa de esta misteriosa ausencia se ha debido al viento, al descenso de la temperatura del mar, a las corrientes y a que no tenían el más mínimo interés por ver a un funcionario con aspecto de foca monje.
Sin medusas la experiencia ha sido maravillosa. Navegar a vela por Formentera, Ibiza y Mallorca ha estado francamente bien. Desde luego es algo que debe gustar o de lo contrario lo mejor es no salir de casa. Un barco a vela se mueve más que las maracas de Machín, esté o no el mar como un plato. Tampoco es un crucero y por lo tanto hay que olvidarse de camarotes espaciosos, el casino o un baño parecido al que podemos tener en casa. Sin embargo, al otro lado de la balanza tenemos un océano de sensaciones: parar donde y cuando te plazca, descubrir calas desiertas, navegar con la única ayuda del viento y sumergirte dentro de un ambiente marinero peculiar plagado de personajes interesantes.También he descubierto en este viaje iniciático que al mar la crisis no ha llegado. Nos hemos cruzado con miles de barcos y hemos permanecido atracados en puerto o fondeados en calas rodeados por centenares de embarcaciones con sus correspondientes personajillos. Y no hay crisis. Creo que nuestro velero era uno de los más humildes y sencillos, pero el coste medio de los barcos que teníamos a nuestro alrededor superaba con creces los 600.000 euros. Y siempre hemos tenido cerca algunos yates cuyo precio llega hasta los 20.000 millones de las antiguas pesetas y con más de 50 personas de tripulación. No hemos visto medusas pero nos hemos cruzado con Ronaldo, con el dueño del Circo del Sol en un espectacular velero, con jeques árabes y con multitud de ex mujeres de famosos hinchadas con grandes flotadores bajo sus tetas.
Sin medusas la experiencia ha sido maravillosa. Navegar a vela por Formentera, Ibiza y Mallorca ha estado francamente bien. Desde luego es algo que debe gustar o de lo contrario lo mejor es no salir de casa. Un barco a vela se mueve más que las maracas de Machín, esté o no el mar como un plato. Tampoco es un crucero y por lo tanto hay que olvidarse de camarotes espaciosos, el casino o un baño parecido al que podemos tener en casa. Sin embargo, al otro lado de la balanza tenemos un océano de sensaciones: parar donde y cuando te plazca, descubrir calas desiertas, navegar con la única ayuda del viento y sumergirte dentro de un ambiente marinero peculiar plagado de personajes interesantes.También he descubierto en este viaje iniciático que al mar la crisis no ha llegado. Nos hemos cruzado con miles de barcos y hemos permanecido atracados en puerto o fondeados en calas rodeados por centenares de embarcaciones con sus correspondientes personajillos. Y no hay crisis. Creo que nuestro velero era uno de los más humildes y sencillos, pero el coste medio de los barcos que teníamos a nuestro alrededor superaba con creces los 600.000 euros. Y siempre hemos tenido cerca algunos yates cuyo precio llega hasta los 20.000 millones de las antiguas pesetas y con más de 50 personas de tripulación. No hemos visto medusas pero nos hemos cruzado con Ronaldo, con el dueño del Circo del Sol en un espectacular velero, con jeques árabes y con multitud de ex mujeres de famosos hinchadas con grandes flotadores bajo sus tetas.
Por cierto, he descubierto que las olas y el mar no hacen buenas migas con las cámaras digitales. Esta ha sido la única fotografía que se ha salvado...tendré que repetir el próximo año.
