¿Trabajo decente? Otra jornada mundial sacada del libro de la utopía



Que los funcionarios reclamemos un trabajo decente les resultará a muchos una auténtica provocación. No voy a teorizar ahora sobre las reivindaciones sociales, la solidaridad y la extensión universal de las garantías más elementales, pero en los tiempos que corren habrá muchos que antes de reclamar un trabajo decente prefieran reclamar simplemente un trabajo. En nuestro mundo desarrollado nos inventamos a diario nuevas gilipolleces: el estrés laboral despúes de las vacaciones , el estrés de los niños recién nacidos, el estrés de los niños que comienzan el colegio, el estrés por el cambio de trabajo, el estrés por tener trabajo, el estrés por no tenerlo…y ahora un buen día nos levantamos con el estrés al imaginar una jornada laboral de 13 horas diarias. Todo un avance del siglo XXI.No podemos olvidar el estrés de quienes deben invertarse cada año los peculiares “días mundiales” o “jornadas mundiales”.Y hoy, precisamente hoy, Jornada Mundial por el Trabajo Decente es cuando debemos tirar de las orejas a Sandra Tejero, por no acudir a su trabajo estando en coma lo que ha provocado su despido y el malestar de la empresa. ¡Qué desfachatez! Desde luego hay que ver cómo sufren estos pobres empresarios.

La abuelita de la Termomix


Por suerte me acaba de tomar un café. Todo iba normal, una señora octogenaria, de inofensiva apariencia quería los recibos de sus impuestos para pagarlos en el banco. Mientras la impresora sacaba los documentos y sin mediar palabra alguna una frase me paso en estado de alerta: soy vendedora de Termomix...desde hace once años. Estaba en peligro. Unas décimas de segundo para reaccionar; en este instante pensé cuál podría ser mi respuesta para salir de la trampa que planeaba sobre mi jornada laboral. Decidí no responder, centrar la mirada en el ordenador, desmontar la bandeja de la impresora y simular una avería. Insistió: ¿sabe usted qué es una Termomix? Uff, implorar a la existencia de otras personas que esperaban ser atendidas no servía ya que era la única criatura que en esos momentos estaba en la oficina. Entonces se me ocurrió montarme una batallita, “¡claro que conozco la Termomix, toda mi familia la tiene, mi madre me la regaló!”. Mentira cochina, pero cuando empezó a explicarme las bondades de la maquinita (“que sólo cuesta 1000 euros”) me di cuenta que me encontraba ante una profesional. Y poco parecía importarle que ya tuviese una.
Cuando daba por ganada la batalla me soltó la primera bomba, “¿y cuántos años tiene tu Termomix, qué modelo es?”. Joder, sólo se me ocurrió, “un montón”.Y entonces remató la faena, estaba perdido, “pues genial, porque ahora tenemos una promoción y te la cambiamos por el último modelo con un descuento de 300 euros. Lo puedes pagar en cómodos plazos a 25 euros al mes, aunque claro, siendo funcionario seguro que no lo necesitas...¿qué día me puedo pasar por tu casa? Y puedes quedar con tus compañeros para que vean lo útil que es...”.Tocado y hundido. Esta mujer es un peligro

Para que luego digan que no tenemos inquietudes


Aunque no lo crean los funcionarios pueden llegar a tener inquietudes ( al margen de la subida salarial o el incremento de los permisos para tomar café) e incluso algunos se atreven a mejorar su formación y dedicar gran parte de su tiempo libre a realizar cursos y asistir a jornadas. Con más lentitud que en la empresa privada lo cierto que desde hace unos años algo se está moviendo dentro de la Administración para que los funcionarios se vayan adaptando a los nuevos tiempos y los esfuerzos se centran en la mejora de la calidad del servicio que se presta a los ciudadanos. Se está produciendo un cambio para que la promoción interna y lo ascensos (que ahora son en “horizontal y vertical”) no se midan exclusivamente en función de la antigüedad o de unos exámenes.
Debido a esto los funcionarios sufrimos un bombardeo constante de ofertas formativas, sin embargo el resultado final puede llegar a ser muy decepcionante ya que es más fácil tener cuatro aciertos en una Primitiva que tener plaza en uno de estos cursos. Las organizaciones sindicales, por ejemplo, sacan más de cien mil plazas, un número acojonante, pero si tenemos en cuenta que hay más de tres millones de funcionarios la cifra pasa a ser testimonial.
A mi la lotería me tocó hace unos días. En las últimas semanas he sido uno de los privilegiados y he podido formarme (o la menos intentarlo) junto con otros catorce compañeros. He tenido suerte. Durante dos semanas apenas he tenido unos minutos para salir del trabajo y desplazarme a otro municipio, hacerme algunos kilómetros y meterme en un aula hasta las nueve de la noche.
Mañana estaré mejor formado...o al menos eso intenta el INAP pero, ¿quién forma a los ciudadanos?